Subcomandante Insurgente Pedro

bandera ezln

Subcomandante Insurgente Pedro

Voy a hablar de un hombre, un soldado insurgente, un zapatista. No voy a hablar mucho. No puedo. No todavía. Se llamaba Pedro y murió combatiendo. Tenía el grado de subcomandante y era, en el momento de su caída, jefe del estado mayor del EZLN y mi segundo al mando. No voy a decir que no ha muerto. Está muerto de por sí y yo no quisiera que estuviera muerto. Pero, como todos nuestros muertos, Pedro camina por acá y cada tanto se aparece y habla y bromea y se pone serio y pide más café y enciende el enésimo cigarrillo. Ahora está aquí. Es 26 de octubre y es su cumpleaños. Le digo “salud al cumpleañero”. Él levanta su pocillo de café y dice “salud Sub”. Yo no sé por qué me puse “Marcos” si nadie me dice así, todos me dicen “Sub” o sus equivalentes. Pedro me dice “Sub”. Platicamos con Pedro. Le cuento y me cuenta. Recordamos. Reímos. Nos ponemos serios. A veces lo regaño. Lo regaño por indisciplinado, porque yo no le ordené que se muriera y él se murió. No obedeció. Lo regaño pues. Él sólo abre más los ojos y me dice “ni modos”. Sí, ni modos. Entonces le enseño un mapa. De por sí le gusta ver los mapas. Le señalo lo que hemos crecido. Sonríe…

Fragmento, comunicado del Subcomandante Marcos: Según nuestro calendario, la historia del EZLN, previa al inicio de la guerra, tuvo 7 etapas

 

En ese mismo comunicado, el entonces Subcomandante Marcos (ahora Galeano) sigue contando sobre el mestizo que murió en combate el primero de enero de 1994, el  Sub  Pedro:

 

Según cuentan aquellos primeros 6 , un día mandaron a un insurgente a explorar un sitio para ver si tenía condiciones para acampar. El insurgente regresó diciendo que el lugar “era un sueño”. Los compañeros marcharon hacia ese rumbo y al llegar se encontraron con un pantano. Le dijeron entonces al compañero “Esto no es ensueño, es una pesadilla”. Ergo, el campamento se llamó entonces “La Pesadilla”. Debe haber sido en los primeros meses de 1984. El nombre de ese insurgente era Pedro. Después sería subteniente, teniente, capitán segundo, capitán primero y Subcomandante. Con ese grado y siendo Jefe del Estado Mayor zapatista, diez años después, cayó en combate el primero de enero de 1994, en la toma de Las Margaritas, Chiapas, México

.…Mando del Primer Regimiento, Subcomandante Insurgente Pedro, Jefe del Estado Mayor Zapatista y segundo mando del EZLN. Su misión era la toma de la cabecera de Las Margaritas y el avance para atacar el cuartel militar en Comitán. Fuerte en 1,200 combatientes, el Primer regimiento estaba conformado en su mayoría por tojolabales.

Subcomandante Marcos. Fragmentos del comunicado: Según nuestro calendario, la historia del EZLN, previa al inicio de la guerra, tuvo 7 etapas

 

subcomandante insurgente pedro

 

A continuación hablan los insurgentes zapatistas que conocieron al Sub Pedro.  Tomado del  libro 20 y 10 El fuego y la palabra de Gloria Muñoz Ramírez del año 2003.

 

En las montañas del sureste mexicano el Subcomandante Insurgente Pedro, no sólo es una leyenda, es algo vivo, algo que existe y se trae a la memoria a cada momento. Del sub Pedro hablan los insurgentes y un nudo se les hace en la garganta. “Todavía no puedo hablar de él, es muy doloroso, dice el Mayor Insurgente Moisés, quién tomo el mando de la zona a los pocos minutos de la caída en combate del subcomandante Pedro.

De un hombre que gustaba de caminar de noche, que fumaba “Alas” , que no perdonaba su cafecito, que bailaba la de “El Caballo Blanco”, que recitaba el Tecun Umán, que cuidaba de su tropa, que era muy militar, y muy estricto en las cuestiones de seguridad, que echaba relajo con el subcomandante Marcos, de quién era su segundo al mando, hablan los insurgentes que vivieron con él, que lo vieron caer, junto a los que murió en pleno combate en la primera madrugada de 1994. También da su testimonio gente de los pueblos, con la que vivió durante casi diez años, gente a la que enseñó a luchar, a la que preparó un día  se levantara en armas en busca de una vida mejor.

…queda claro que el camino del EZLN no se puede entender sin la historia de personas como el Subcomandante Insurgente Pedro.

 

Mayor insurgente de Infantería MOISÉS

Hablar del sub Pedro…yo que estuve trabajando con él, es un poco doloroso. Lo conocí cuando era insurgente, lo conocí cuando yo empecé también, y me tocó ver su caída cumpliendo con su deber.  Me dejó así como mando de esta unidad. El sub Pedro es un compañero muy preocupado por sacar adelante el trabajo que le tocó en ese tiempo. Hizo todo lo que tuvo que hacer.

Cuando es el momento de la preparación él es muy estricto, como ya se dijo. También cuando discutíamos con él sobre los trabajos, ambos nos ayudábamos sobre todo en la cuestión política. Me preguntaba cual es la costumbre de los pueblos, cual es el modo de los compas, por qué hay diferentes organizaciones, quiénes las dirigen, todo eso me preguntaba para poder planear cómo es que hay que hacer el trabajo, para poder descubrir los pueblos…

El subcomandante Pedro es muy estricto en la seguridad, porque éramos clandestinos, y pues no debe saber nada el ejército de nosotros. También es estricto en el manejo de las armas, y en las exploraciones que se tienen que hacer para poder tener conocimiento de los terrenos. Siempre fue duro en eso, y cuando hay problema más se pone duro. Pero también es cierto que es muy alegre, hay muchas cosas que se pueden hablar de él, anécdotas y eso…

Yo no lo conocí en la montaña, lo conocí en la ciudad, en una casa de seguridad donde me tocó llegar. Te estoy hablando de diciembre de 1983, cuando me llevaron a la ciudad. No pensaba yo que me fueran a llevar a la ciudad, pensaba yo que me iban a llevar a la montaña, porque me gustaba mucho lo que yo escuchaba en Radio Venceremos, del Frente Farabundo Martí, de El Salvador. Pero pues antes de ir a la montaña me llevaron a la ciudad y ahí lo conocí al sub Pedro. Él ya había estado en la montaña, con los fundadores del EZLN, pero tuvo que bajar a la ciudad porque le había pegado la leshmania, lo que nosotros le llamamos mosca chiclera, estaba curándose en la ciudad y a mí me tocó conocerlo ahí.

En ese tiempo yo no podía hablar el español, como ahorita que ya puedo hablar, entonces tenía esa dificultad.  Yo no quería que se acercara a mí, porque me platicaba cosas y no le entendía…una cosa que me pasó en ese tiempo es que algunos de los que estaban ahí en la casa de seguridad, pues no me enseñaban las cosas y me ordenaron preparar comida para un viaje de algunos compas. Yo no sabía  ni cómo manejar la estufa ni nada, y entonces el sub Pedro (que todavía no tenía ni grado) me encuentra haciendo el trabajo y me pregunta “que estas haciendo”, y le digo “estoy friendo carne de pollo”.  Y él me dice “pero te va a explotar la estufa”, y le pregunto por qué y me explica que porque ya la tengo llena de aceite. Entonces se encabrona y va y despierta a la responsable y le reclama que no me enseñó a hacer el trabajo. Y ahí lo ví que era estricto, muy duro en las cuestiones que había que enseñar, él decía que una vez enseñado ya puedes dejar que se haga el trabajo, pero antes no.

En 1985 ya vengo a la montaña y me lo vuelvo a encontrar ahí, pero ya era subteniente. Era un compañero muy decidido, no le importaba no conocer la montaña, así como uno que está en la montaña y se va a la ciudad tampoco sabe moverse. Pero no le importó eso, siempre hacía el esfuerzo y nos preparó. En la preparación  estuvimos trabajando mucho tiempo, pueden sacar la cuenta, estamos hablando de que lo reencontré en la montaña en 1985 y la preparación se da hasta los últimos días, prácticamente hasta la mañana de 1994.

Podemos decir todas las palabras de revolucionario o revolucionaria, rebelde, o luchador o lo que sea, así como dicen muchos de afuera, pero él no nada más lo dijo,  sino que lo que decía lo hacía y lo cumplió hasta sus últimas consecuencias. Cuando tú organizas, orientas, diriges, tienes que llegar hasta su consecuencia, aún en una movilización pacífica. Cuando uno dice que hay que luchar, pues tienes que llegar hasta el final.

Y en este caso, a nosotros como Ejército Zapatista, el subcomandante Pedro nos demostró que no es nada más decir, sino que hay que llegar hasta donde él nos mostró. No quiero decir que no valgan las luchas pacíficas, por supuesto que sí valen, pero hay que entender que ahí también puede uno caer en varias formas, ya sea que te metan en la cárcel, ya sea desaparecido, ya sea que te maten en torturas y que no se sepa dónde está tu cuerpo. En esta caso, sabemos dónde esta el sub Pedro, de él sí sabemos.

Lo que él nos enseñó, su palabra, la tenemos presente cada uno de nosotros, y a cada uno de nosotros nos toca ahora demostrar que también podemos cumplir como él.

Habrá otro momento para decir más cosas, tengo muchas anécdotas de él. En los últimos meses del 93, me dijo “si algo pasa tú te encargas, cualquier cosa que pase tú te encargas”. Yo no le creía, decía yo “a él le toca”, y resulta que cuando estábamos ya peleando, perdemos la comunicación y no hay y no hay la comunicación con él.  Mandaba yo al enlace para saber como estaba y no hay tampoco, hasta que tuvimos que tomar la presidencia.

Cuando recibí la señal de que había caído el subcomandante Pedro, entonces dije “¡Chin!, ahora sigue lo que me dijo, ahora ¡sí! Y en ese momento uno se olvida de que también puede ser atacado. En ese momento no me importó, tuve que pasar a la otra calle y ahí estaba el sub, le hablé pero ya no había movimiento de él. Así es que se ordenó el traslado a la posición de las compañeras sanitarias… y ahí viene una cosa muy difícil por parte de los compañeros, de algunos milicianos y algunos compañeros insurgentes que lo vieron…algunos empezaron a decir “cómo es posible que un mando cae, él está preparado y todas esas cosas”, como si fuera que no es posible que un mando caiga. Entonces tuve que asumir la responsabilidad, había que controlar eso pues, ese miedo, esa desmoralización. Yo les decía a los compas “las balas no respetan, no importa quién sea, pero hay que continuar”.

Yo pienso que si hay que ser revolucionarios hay que serlo hasta lo último, porque eso de que uno no llegue a sus consecuencias o deje abandonada a la gente y esas cosas pues no se vale. Nosotros los luchadores, los otros hermanos de otros estados, de este mismo país México y del mundo, necesitamos asumir eso.

Una cosa que es interesante es como se encontraban el sub Pedro y el sub Marcos. A los dos subs los conocí también juntos, cuando se encontraban. Me acuerdo de una vez, y creo que fue la última o de las ultimas veces que se encontraron, en una comunidad que se llama Zacatal. Estaba yo ahí, estábamos sentados los tres como en triángulo, y escuche las indicaciones por parte del Sub Marcos al sub Pedro: “Tienes que cuidarte”, le decía el sub Marcos. “Tenemos que cuidarnos, porque tú eres el mando primero” decía el sub Pedro. Y entonces el sub Marcos decía “si, pero yo te estoy diciendo que tú como mando segundo tienes que cuidarte, porque eres mi segundo, y cualquier cosa que me pase, sigues tú”. Entonces decía el sub Pedro “nos tenemos que cuidar, pero los dos”. Ambos entendían que los dos se tenían que cuidar, pero los dos querían salir a pelear. Se entendían y comprendían pues. El sub Pedro de por sí respetaba cuando le decían muy clara las cosas.

Como era la relación de mando a mando, yo lo veía que se respetaban y se querían. A veces estaban hablando y escuchaba yo las voces serias y al rato estaban ya relajeando, chistoseando ahí. Ese es el modo, que uno comprende, entiende lo que hay que corregir o lo que se tiene que aprender.

En otra ocasión platicaremos muchas anécdotas del sub Pedro. Ahora no se puede todo porque duele…

 

Capitán Primero Insurgente de Infantería

FEDERICO

Al compañero Subcomandante Insurgente Pedro yo lo conocí desde que me integré a las filas insurgentes. Desde que yo llegué vi sus cualidades como ser combatiente. Fue un buen compañero en la lucha y pues estuvo con nosotros hasta su muerte.

Cuando llegó su momento yo estuve con él en su unidad, él como subcomandante más bien fue mi mando. El siempre tomaba con mayor decisión los planes, así se veía, era muy duro en cuestiones de seguridad, nos platicaba de la importancia de la seguridad,  y en la cuestión militar aprendimos mucho de él.

Él se pegó mucho con el pueblo, convivía, compartía de lo que el pueblo comía, ya fuera pozol, frijol, o café amargo, nunca lo despreciaba.  Se veía un compañero muy decidido en la lucha del pueblo. Otra cosa por parte de él, es que siempre supervisaba los trabajos que nos encargaba hacer. Yo me acuerdo un día que salí con él y me dijo: “te preparas mañana porque vamos a reconocer la picada”,  y caminamos y yo le decía “subcomandante ya caminamos mucho y no hay nada”,  y él me decía “todavía falta”, y caminábamos y caminábamos, y seguíamos caminando y le volvía a decir “no hay nada ya caminamos mucho”, y caminamos y caminamos y me dijo “ya falta poco, ahí está”, y por fin llegamos  y él decía que yo tenia razón, porque apenas estaba aprendiendo a caminar, a resistir más en la condiciones físicas. Y entonces me di cuenta de que él tenia las condiciones físicas, era un compañero resistente en caminar y soportar todas las condiciones del terreno.

El compañero apreciaba mucho a las compañeras insurgentes y también a las bases de apoyo, a las mujeres, a los niños y a los ancianos.

Para salir en 1994, él me ordena que tengo que avanzar hacia delante, él decía que tengo que tomar con mayor seguridad los trabajos. El día que íbamos a salir hacia la dirección donde se tienen que hacer las operaciones militares, el 31 de diciembre de 1993, el todavía prueba los vehículos, y me decía “Lico, voy a probar este vehículo porque se me ha olvidado la práctica”. Yo me reía porque se veía que sí sabía mover la unidad. Y salimos, marchamos hacia el terreno de la operación y las ultimas ordenes que dicta él son que cada quien salga al lugar que les toca cubrir.  Y para mi esas son las últimas indicaciones que él nos dio.

Me acuerdo de otra cosa. A el le gustaba mucho recitar una poesía, el Tecun Uman, y a mi me daba mucha risa, y el me decía por que te ríes. Es que algo raro, lo escucho y me doy cuenta que el Tecun Uman era Jacinto Canek, un dirigente indígena.

Capitán Primero Insurgente de Infantería NOÉ.

Nuestro compañero subcomandante Pedro…primero que nada digo que todo nuestro respeto para él, aunque físicamente ya no esta como miembro de este regimiento, lo seguimos respetando…para mí no esta muerto.

Yo también conviví con él durante mucho tiempo, y conocí su carácter y su forma de convivir con nosotros en la montaña. Él, como otros compañeros han dicho, es muy feliz cuando esta conviviendo con la tropa, él tiene un don de mando que educa, es el maestro de nosotros, nos orientó acerca de la guerra, nos orientó bien para organizar la guerra en contra del mal gobierno.

Para nosotros es como un padre, porque hay cosas que a nosotros no nos salían bien, y él te orientaba, te decía “esto no lo hiciste bien por eso te llame la atención para que ya no lo sigas haciendo mal “, y así nos dejo esa experiencia de no cometer el mismo error que a veces cometemos… así fue durante el tiempo que estuvo con nosotros.

Recuerdo que él siempre caminaba de noche, y nos probaba también a nosotros para ver cuánto habíamos aprendido a caminar de noche con armas, caminar con cuidado. Es estricto también en seguridad, cuando había cosas serias, nos ponía al tanto, siempre nos alertaba, para que así aprendiéramos.

Cuando conmemorábamos algo de algún compañero caído o un cumpleaños, recuerdo que le gustaba mucho bailar una música que se llama “El caballo blanco”, se tiraba al suelo y se ponía a bailar. Siempre le gustaba bailar, y también la poesía de Tecun Uman la recitaba, así nos hacía contentar a la tropa.

Cuando salimos en el 94 cada rato nos decía “ahora sí compañeros, llegó la hora, le tenemos que demostrar al mal gobierno que vamos a ganar la guerra porque ya es mucho lo que nos esta haciendo”.  Así nos advertía codas acerca de la guerra, como hay que prepararse, no sabíamos la fecha exacta, pero si nos decía “entrénense, prepárense, practiquen” y todo eso. Nunca pensamos que ese primero de enero iba a caer él, pero sí estábamos claros que algunos de nosotros teníamos que caer. Nos costó un poco entenderlo pero ni modos, tenemos que seguir sus pasos de él, como nos enseñó…Eso es lo que respeto de él, porque cumplió su deber, amó a su pueblo, nos quiso como su tropa, nos enseñó y por eso seguimos aprendiendo de él, aunque ya no esté con nosotros.

(…)

Teniente Insurgente de Sanidad GABRIELA

Al subcomandante Pedro yo lo conocí cuando me integré a las filas del Ejército Zapatista. El compañero era muy estricto en las órdenes, en la disciplina, en el compañerismo, y cualquier fallo que teníamos como tropa, nos corregía en buena forma.

El subcomandante Pedro quería mucho a los compañeros bases de apoyo, a las compañeras, a los niños y a los ancianos, a todos pues, les explicaba cual es la situación, por qué estamos luchando. A él le gustaba caminar en la noche, no le importaba si estaba lloviendo, y nos llevaba también a nosotros, es la forma en que nos empezó a enseñar a caminar en la noche, sin luz, no se usaba lámpara.

Me acuerdo que un día nos toco salir, nos fuimos a un campamento que se llama “Tortuga”  y el compañero subcomandante Pedro se vestía de doctor, por la seguridad que teníamos que cuidar en ese tiempo, y a nosotros nos decía que teníamos que poner ropa civil, vestido. Cuando íbamos caminando encontramos animales y empezó a disparar y nos decía que teníamos que cazar animales, porque había otros compañeros que no tenían alimento y se preocupaba cómo alimentar a su tropa.

Ya después, en la guerra,  pues nos dijo al servicio de sanidad  que teníamos que prepararnos más, preparar los botiquines para la guerra. Recuerdo que en los últimos momentos nos habló y nos preguntó si ya estábamos listos.  Yo contesté que sí. Ya en el terreno de operaciones él me dijo que si había heridos tenía que avisar con él, pero después ya no supe que pasó. Cuando lo empecé a buscar para avisarle que había un herido, me decían que no se encontraba…Llegó el compañero Mayor Moisés para avisarme que el subcomandante Pedro había caído…Yo lo revisé, tenía varias heridas, le inyecte adrenalina pero ya no pudimos hacer nada por él.  Y así fue, pero lo importante es que cumplió con su deber, que murió al frente de su tropa porque era un mando que no se quedaba atrás, y nos enseñó muchas cosas…Por eso lo tenemos presente hasta ahorita.

Fuente: Gloria Muñoz Ramírez, 20 y 10 El fuego y la palabra. Revista Rebeldía y La Jornada Ediciones. México. 2003. Págs. 40 – 47 y 51 y 52.

*****

Subcomandante Pedro mural

Fragmento del mural “Comandante Pedro”. Anónimo. Se encuentra en la Comunidad de Guadalupe Tepeyac.

Relato sobre el Sub Pedro,  escrito por el Subcomandante Marcos en el año 2000:

 

Me acuerdo de ese día. El sol no caminaba derecho, sino que se iba de lado. Quiero decir, sí se iba de acá para allá, pero iba como de lado, así nomás, sin encaramarse en eso que no me acuerdo ahorita cómo se llama pero una vez el sup nos dijo. Estaba como frío el sol. Bueno, ese día todo estaba frío. Bueno, no todo. Nosotros estábamos calientes. Como que la sangre o lo que sea que tenemos dentro del cuerpo, estaba con calentura. No me acuerdo cómo es que dijo el sup: “el cenit” o algo así, o sea que es cuando el sol se llega hasta lo más alto. Pero ese día no. Más bien como que se iba ladeando. Nosotros igual avanzábamos.  Yo ya estaba muerto, acostado panza arriba y vi bien que el sol no se estaba caminando derecho sino que se estaba andando de lado. Ese día ya estábamos muertos todos y como quiera avanzábamos. Por eso el sup escribió eso de “somos los muertos de siempre, muriendo otra vez, pero ahora para vivir”. ¿Cuándo mero nos morimos todos? Pos la verdad no me acuerdo, pero ese día en que el sol se caminaba de ladito ya todos estábamos muertos. Todos y todas, porque también iban mujeres. Creo que por eso no nos podían matar. Como que está muy difícil eso de matar a un muerto y pues un muerto no tiene miedo de morirse porque de por sí ya está muerto. Ese día en la mañana era un corredero de gente. No sé si porque empezó la guerra o porque vieron tanto muerto avanzando, caminando como siempre, sin rostro, sin nombre. Bueno, primero corría la gente, luego ya no corría. Ya luego se detenía y se acercaba para oír lo que decíamos. ¡Qué ocurrencias! Viera que yo estuviera vivo, ¡de tarugo me iba a acercar a oír lo que dijera un muerto! Como que pensaría que los muertos no tienen nada que decir. Están muertos pues. Como que su trabajo de los muertos es andar espantando y no hablando. Yo me acuerdo que en mi tierra se decía que los muertos que caminan todavía, es porque tienen algún pendiente y por eso no se están quietos. En mi tierra así se decía. Creo que mi tierra se llama Michoacán, pero no muy acuerdo. Tampoco me acuerdo bien, pero creo que me llamo Pedro o Manuel o no sé, creo que de por sí no importa cómo se llama un muerto porque ya está muerto. Tal vez cuando uno está vivo pues sí importa cómo se llama uno, pero ya muerto pa’ qué.

 

Bueno, el caso es que la gente ésta, después de su corredera, se iba acercando a ver qué le decíamos todos los muertos que éramos. Y entonces pues a hablar, así como de por sí hablamos los muertos, o sea como platicadito, así, sin mucha bulla, como si uno estuviera platicándole algo a alguien y no estuviera uno muerto sino vivo. No, tampoco me acuerdo qué palabra hablamos. Bueno, un poco sí. Algo tenía que ver con eso de que estábamos muertos y en guerra.

 

En la madrugada habíamos tomado la ciudad. A mediodía ya estábamos preparando todo para ir por otra. Yo ya estaba acostado al mediodía, por eso vi clarito que el sol no se andaba derecho y vi que hacía frío. Vi pero no sentí, porque los muertos no sienten pero sí ven. Vi que hacía frío porque el sol estaba como apagado, muy pálido, como si tuviera frío. Todos andaban de un lado pa’ otro. Yo no, yo me quedé acostado panza arriba, viendo el sol y tratando de acordarme cómo es que dijo el sup que se dice cuando el sol queda mero arriba, cuando ya acabó de subir y empieza a dejarse caer de aquel lado. Como que entra su pena del sol y va y se esconde detrás de esa loma. Ya cuando el sol se fue a esconder no me di cuenta. Así como estaba yo no podía voltear la cabeza, sólo podía mirar mero para arriba y, sin voltear, lo poco que alcanzara para uno y otro lado. Por eso vi que el sol no se iba derecho, sino que se iba de lado, como con pena, como con miedo de encaramarse en eso que ahorita no me acuerdo cómo dijo que se decía el sup, pero tal vez al rato me acuerdo.

 

Yo me acordé ahorita porque se rajó un poco la piedra y se hizo una rendija así como una herida de cuchillo, y entonces pude ver el cielo y el sol caminándose otra vez de lado como aquel día. Otra cosa no se puede ver. Así acostado como estoy, apenas si alcanzo el cielo. No hay muchas nubes y el sol está como pálido, o sea que está haciendo frío. Y entonces me acordé de aquel día cuando los muertos que somos empezamos esta guerra para hablar. Sí, para hablar. ¿Para qué otra cosa harían una guerra los muertos?

 

Les decía que por esta rendija se alcanza a ver el cielo. Por ahí pasan helicópteros y aviones. Vienen y se van, diario, a veces hasta de noche. Ellos no lo saben pero yo los veo, los veo y los vigilo. También me río. Sí, porque al final de cuentas, esos aviones y helicópteros vienen acá porque nos tienen miedo. Sí, ya sé que de por sí los muertos dan miedo, pero esos aviones y helicópteros lo que tienen miedo es de que los muertos que somos nos echemos a caminar de nuevo. Y yo no sé para qué tanta bulla, si de por sí nada podrán hacer porque ya estamos muertos. Ni modo que nos maten. Tal vez es porque quieren darse cuenta y avisar con tiempo al que los manda. No sé. Pero sí sé que el miedo se huele y el olor del miedo del poderoso es así como de máquina, como de gasolina y aceite y metal y pólvora y ruido y… y… y de miedo. Sí, el miedo huele a miedo, y a miedo huelen esos aviones y esos helicópteros. A miedo huele el aire que viene de arriba. El de abajo no. El aire de abajo huele bonito, como a que las cosas cambian, como que todo mejora y se hace más bueno. A esperanza, a eso huelo el aire de abajo. Nosotros somos de abajo. Nosotros y muchos como nosotros. Sí, ahí está la cuestión pues: en este día los muertos huelen a esperanza.

 

Todo eso veo por la rendija y todo eso escucho. Pienso, y mis vecinos están de acuerdo (lo sé porque ellos me lo han dicho), que no está bien que el sol se camine de lado y que hay que enderezarlo. Por eso de que se camine así de lado, todo pálido y friolento pues no. Como que su trabajo del sol es dar calor, no tener frío.

 

Y si me apuran, pues hasta le hago al analista político. Mire usted, yo digo que el problema de este país es que puras contradicciones tiene. Ahí está pues que carga un sol frío, y la gente viva ve y deja hacer como si estuviera muerta, y el criminal es juez, y la víctima está en la cárcel, y el mentiroso es gobierno, y la verdad es perseguida como enfermedad, y los estudiantes están encerrados y los ladrones están sueltos, y el ignorante imparte cátedras, y el sabio es ignorado, y el ocioso tiene riquezas, y el que trabaja nada tiene, y el menos manda, y los más obedecen, y el que tiene mucho tiene más, y el que tiene poco tiene nada, y se premia al malo, y se castiga al bueno.

 

Y no sólo, además, aquí, los muertos hablan y caminan y se dan en sus cosas raras, como eso de tratar de enderezar a un sol que tiene frío y, mírelo nomás, se anda de lado, sin llegar a ese punto que no me acuerdo cómo se llama pero el sup nos dijo una vez. Yo creo que un día me voy a acordar.

 

Parte de la Carta Póstuma escrita por el Subcomandante Marcos a  A Fernando Benítez (carta 6.B), 21 de febrero del 2000

 

Enlaces relacionados:

PALABRAS DEL EZLN EN EL 22 ANIVERSARIO DEL INICIO DE LA GUERRA CONTRA EL OLVIDO. comunicado del 1 de enero de 2015

Subcomandante Marcos: Según nuestro calendario, la historia del EZLN, previa al inicio de la guerra, tuvo 7 etapas

 

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